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"Nada podemos esperar sino de nosotros mismos"   SURda

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01-02-2011

 

 

Entrevista a Tewfik Aclimandos, politólogo, especialista en el Ejército egipcio, investigador en el Collège de France

 

"El Ejército sigue siendo el último escudo"

SURda

Internacionales

Joseph Confavreux


En la revolución tunecina el ejército tuvo un papel determinante negándose a disparar sobre los manifestantes, y empujando a Ben Ali a que se fuera. En Egipto, es también un elemento pivote, y ambiguo, del triunfo o del fracaso de la revuelta democrática que se expresa de forma inédita en El Cairo, en Alejandría o en las ciudades medias del Delta. El sábado, el presidente egipcio Hosni Mubarak nombró a dos generales para los puestos de vicepresidente y primer ministro. Pero se veían también, en la capital, a manifestantes que simpatizaban con los militares.

¿Cuál puede ser el papel del ejército?

El viernes se han viso por primera vez carros de combate en las calles de El Cairo. ¿Forma parte ya el ejército de la represión del movimiento popular que se expresa en Egipto o hay por el momento que hacer una distinción entre los militares y las demás fuerzas del mantenimiento del orden?

El Ejército ha tomado posición. Es garante de la integridad del territorio nacional, del poder del estado y del mantenimiento del orden. Pero, por el momento, el ejército ha contribuido más bien a calmar la situación. Sobre todo está ahí para intimidar. Si la policía es desbordada, sin duda intervendrá; pero no es seguro tampoco que lo hiciera sistemáticamente y en todas partes. El ejército no es homogéneo y es una institución muy discreta, incluso secreta. Los militares no recurrirán a la violencia más que en último extremo. No pienso que el ejército dispare alegremente sobre la multitud, pero las lógicas de insurrección y de represión pueden cambiar muy rápidamente.

¿Cuál es la imagen del ejército entre la población egipcia? El ejército es la institución más respetada del país. Mucho más que los servicios de seguridad o la policía. La institución menos corrupta o que pasa por serlo. Encarna, en el imaginario de los egipcios, a la vez la institución que se parece más a la de un estado legal y racional y al funcionamiento de una familia. Sin ser un ascensor social, es una institución cuyos cuadros reflejan en parte la diversidad social y geográfica de Egipto. Equivocadamente o no, el ejército pasa por encarnar las mejores virtudes de los egipcios y tiene un verdadero prestigio.

¿Qué papel juegan en este momento los militares en las calles de El Cairo, de Alejandría o de Suez?

El ejército es el elemento clave del dispositivo securitario de Mubarak. Representa entre 350.000 y 500.000 hombres. Pero es una especie de bomba atómica. No se quiere utilizar, pero se sabe que está ahí, presente. La novedad es que el régimen ha debido hacer lo que había debido hacer ya en 1986 y que es algo que no le gusta hacer: llamar a que le ayuden los militares. En 1986, los reclutas se habían sublevado y los militares habían debido intervenir para poner calma en los cuarteles. Pero la situación hoy es mucho más volátil. El ejército dispone de una potencia de fuego muy superior a la de la policía: por el momento no la ha utilizado, pero se ha hecho visible.

¿Existen, en el ejército egipcio, oficiales susceptibles de oponerse al jefe del estado egipcio y jugar un papel comparable al general Rachid Ammar en Túnez, negándose a ponerse entre el pueblo y el régimen?

No se sabe nada. Técnicamente, es un ejército profesional, del que Mubarak es el comandante en jefe. Es el jefe de las fuerzas armadas, ha salido de ellas, y es evidente que la cadena de mando es importante para los militares. Pero, frente a una situación excepcional, nunca se sabe.

Que gente del ejército esté inquieta, es algo seguro. Pero los militares tienen por costumbre obedecer a la cadena de mando antes de escuchar sus inquietudes.

Hosni Mubarak es un antiguo jefe de estado mayor, ha hecho toda su carrera en el ejército y goza de un cierto prestigio. El ejército egipcio se sintió humillado en la Guerra de los Seis Días, en 1967, que se tradujo en la pérdida de la banda de Gaza y del Sinaí. Mubarak fue entonces nombrado jefe de estado mayor del ejército del aire tras esta derrota y, incluso si sobreestima considerablemente su papel y el de la aviación en la revancha de 1973, no salió mal parado en un terreno en el que los israelíes eran sin embargo logísticamente muy superiores. Encarna pues una especie de orgullo militar.

Además, en el ejército, la antigüedad es algo muy importante. Mubarak tiene veinte años más que los generales que dirigen actualmente el ejército egipcio. ¡Era ya general cuando los generales actuales no eran más que pequeños capitanes! Ha sido también el director de la Academia del ejército del aire y ha formado a numerosos oficiales. Esto hace difícil la contestación de Mubarak para numerosos oficiales, pero no la imposibilita.

¿Es el ejército una institución clave del régimen de Mubarak, si se la compara con Túnez, donde era mantenida a distancia del primer círculo del poder?

Es una institución clave, incluso si es mantenida fuera de la gestión de lo diario y de los asuntos de todos los días. Mubarak ha desarrollado los servicios de policía, para que no tenga que ocuparse del mantenimiento del orden, pero se constata hoy que eso no ha bastado, que el ejercito sigue siendo el último escudo. Pero el ejército no ha sido jamás castrado, como pudo serlo en Túnez. Del ejército han salido numerosos cuadros de los Mukharabat, los servicios de información que juegan un papel importante en el régimen egipcio. Algunos gobernadores, particularmente en las provincias sensibles, han salido de sus filas. Se encuentran también militares o antiguos militares a la cabeza de empresas públicas sensibles, en la industria e incluso en los medios. Son también muy numerosos en los gabinetes ministeriales. Los oficiales forman una élite, un cuerpo específico, que el régimen recompensa y utiliza. Hasta ahora, el ejército era una institución clave, pero relativamente en segundo plano. ¿Que va a ocurrir ahora cuando se encuentra proyectado al primer plano? Todo dependerá de lo que ocurra en las calles.

Desde 1952, el Egipto moderno no ha conocido más que militares a su cabeza: Nasser, Sadat y finalmente Mubarak. ¿Podría aceptar un jefe de estado que no hubiera salido de sus filas?

La cuestión no se plantea por el momento. Pero varios oficiales se han pronunciado en privado, estos últimos tiempos, contra la perspectiva de una sucesión dinástica, en la que el hijo de Hosni Mubarak, Gamal, tomara la sucesión de su padre. Pero no se sabe si esos oficiales se oponen a Gamal Mubarak porque rechazan una transmisión hereditaria del poder o porque no quieren un civil. Además, ciertos militares egipcios tienen aún una concepción "nasseriana" de la economía y no desean que sectores clave del país pasen a manos del capital extranjero y de hombres de negocios de los que Gamal Mubarak tiene la reputación de ser emisario.

Hace pronto 60 años, en 1952, Egipto estaba exasperado frente a un poder autócrata envejecido y el rey Faruk fue entonces depuesto por un grupo de jóvenes oficiales dirigidos por Nasser. ¿La comparación entre 1952 y 2011 tiene sentido? ¿Podría el ejercito plantearse como recurso en un momento político complicado?

Casi no es comparable. En 1952, el poder no tenía nada que ver con el ejército. Ahora, es uno de ellos el que está a la cabeza del estado, que se apoya en los militares y que es respetado por la institución militar. Si su presencia pone en peligro al estado egipcio, ya se verá. Por el momento, están ahí para hacer respetar las reglas y proteger al estado egipcio, incluyendo a Mubarak. Me parece aún temprano para imaginar lo que ocurriría si los militares juzgaran deber hacer una distinción entre la protección del estado y la de Mubarak.

Su misión de defender la integridad territorial da a los militares deberes, y defienden los acuerdos de Camp David. Quieren a cualquier precio evitar una guerra con Israel. Harán probablemente todo lo posible para no dejar a un movimiento que no reconoce los acuerdos de Camp David (como ocurre con los Hermanos musulmanes) ponerse a la cabeza del estado, y darles órdenes. Pero no es tampoco completamente cierto que seguirán ciegamente al régimen actual.

¿Un golpe de Estado militar es factible?

Pienso que nadie lo quiere, incluyendo a los militares, pero la situación evoluciona muy rápidamente. El obstáculo mayor para un golpe de Estado es que los 20 o 30 generales que dirigen el Ejército tendrían que tener un acuerdo unánime entre ellos para darlo, lo que está lejos de ser evidente. Por el momento, la idea del Ejército es, en mi opinión, más bien dejar a Mubarak acabar su mandato. Pero esto puede cambiar rápidamente.

¿Qué opinas del discurso de Mubarak ayer en la televisión egipcia?

No ha hecho concesiones. Ha mantenido el discurso que tiene de costumbre: "Soy el jefe, se que la gente sufre. He hecho y voy a hacer reformas pero soy yo quien marca el ritmo". Hace 30 años que los egipcios oyen eso.

Traducción de Alberto Nadal

Fuente: http://www.vientosur.info/

 

 
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